obtenida en http://www.toyarchive.com/MovieProps/CritterPuppet1a.jpg

Acá se puede ver a la gorda

Si no recuerdo mal era el cumpleaños de Matías y primero nos habíamos juntado a comer algo y después, más tarde, fuimos a un boliche (no me acuerdo cual). En esta ocasión estaba también Hugo (o Huguito, un muy buen amigo de Matías del colegio y también amigo mío).

Resulta que antes de salir habíamos bebido un poco y Huguito un poco más que el resto, pero además se había llevado una petaca con no sé qué, que no paraba de besar.

Ya en el boliche Huguito no daba más, medio mareado, medio alegre y muy en pedo busca un lugar donde tirar su cuerpo y no va que se sienta en el apoya brazos de un sillón grande que estaba ocupado por una gorda muy pero muy fea y sus amigas. Hoy intento hacer memoria pero el recuerdo de la gorda se me fue casi por completo (probablemente un mecanismo de defensa de mi cuerpo) pero llego a recordar que era doble de ancho de Hugo, media la mitad, era morocha, con los pelos despeinados y un lunar horrible y con pelos arriba del labio, se la podía llegar a confundir el producto de una orgía entre una bruja, un enano, un troll y un hipopótamo.

En eso Huguito, no sé si producto del alcohol, la melancolía, la alegría o la miopía; empieza a chamullarse a la gorda, pero lo peor de todo es que la gorda fea no le daba bola. Era cuasi patético ver a Huguito medio reclinado hablándole y la gorda intentando mirar para otro lado. La gorda se hacía la difícil, algo casi histórico teniendo en cuenta el bicho que era y que Huguito, entre todo, no estaba mal, es carismático y entrador.

Nosotros pasamos al lado de él e intentamos alejarlo de ahí. Pero el mareo, el cansancio y el pedo que tenía se lo impedía. Le advertimos sobre aquello a lo que le estaba hablando, pero parecía que no podía entrar en razón.

Yo recuerdo que dejé la escena y me fui por ahí a hacer no sé que, probablemente a tomar algo y al rato largo pasé nuevamente por el mismo sillón. No esperaba encontrarme con lo que vi.

Las amigas de la gorda de se había ido y Huguito estaba ocupando ahora ese lugar tranzándose al criter de manera apasionada. No puede resistir la escena, ya que mi estómago esta sensible por el alcohol ingerido y me fui. Era algo no apto para impresionables y yo no podía entender que tenía en el estómago Hugo que podía resistir tamaña cosa.

Si bien hace mucho que no lo veo a Huguito nunca pierdo oportunidad de hacerle recordar tamaña caída en bajo. Y el no puede entender como fue que pasó con nuestras advertencias y todo. Es una mancha muy negra que llevará por el resto de su vida.

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http://www.esmas.com/salud/home/noticiashoy/568158.html

Simplemente estaba pensado en vos y así, de la nada, me puse a escribir.
No lo pienso, las palabras simplemente van brotando de la nada.
No es gran cosa solo escribo lo que viene a mí, pero siendo por vos, eso que me llega lo hace desde el fondo de mí corazón.
No hago más que pesar que quiero estar a tu lado, por más que sepa que en un rato te voy a ver.
Pero ese rato a veces se hace más largo de lo que me gusta tolerar.
No quiero otra cosa más que tenerte, aunque sé que ya sos mía.
Lo que hago es pensar que te quiero abrazar, besar y recostarme con vos. Con tu nariz en mí nariz, con tu mano en mi cara y mí mano en tu panza.
Simplemente tenía ganas de escribirte y que quede todo esto así plasmado.
Te amo todo porque mucho es poco.

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http://brucers.files.wordpress.com/2008/01/coyote11.jpg

Coyete

Esta historia data de cuando yo tenía unos 20 años más o menos. En esa época aborrecía ir a boliches, no me gustaba bailar y menos me gustaba la música que pasaban (rock en español o muerte era para mí en esa época) y por tanto no iba nunca salvo raras excepciones, como por ejemplo, algún cumpleaños de alguno de mis hermanos o amigos.
Este era el caso, mi hermano había cumplido años y para festejar habíamos salido y terminamos en Coyote abajo de los arcos de palermo (esto si que es viejo). En ese entonces yo estaba bien flaco, casi esquelético y no me sacaba de encima la campera de cuero que me había regalado la que por entonces era mi novia. Apenas había llegado, me dirigí a la barra, me compré un cerveza y me quedé apoyado contra una columna observado el zoológico humano que me circundaba. Era extremadamente crítico con todo lo que veía, ya que estaba ahí sin tener muchas ganas, y me pasaba el tiempo catalogando lo que observaba.
Si bien no me arrepiento de lo que hacía, hoy lo veo en tiempo y me siento bastante estúpido. Así me identificaba yo por ese entonces.
En fin, estaba yo con mi cerveza en la mano, apoyado en la misma columna desde hacía un rato cuando dos chicas se me acercan por la derecha. Las dos eran morochas de pelo largo apenas un poco más bajas que yo y bastante lindas, una tenía un vaso en su mano y la otra tenía un cigarrillo.
La chica que tenía el cigarrillo me apunta con la misma mano con la que fumaba y mientras se acercaba me dice:
_Vos. Me vas a dar un beso.
Yo me quedé medio atónito, como dije no solía ir a boliches en esa época y nunca había presenciado algo así. Yo estaba acostumbrado a las cosas largas, charlas, más charlas y después de más charlas sacar un beso. Así que esto me tomó completamente de sorpresa. Por otro lado, estaba de novio desde hacía un tiempo y la verdad que estaba muy bien con la chica que me encontraba y jamás serví para meterle los cuernos a nadie, ni siquiera por tratarse de un beso.
Así que lo único que me salió fue algo así como:
_No. La verdad es que tengo novia y no quiero.
A lo cual la chica insiste una vez más.
_Dale. Dame un beso.
A lo cual yo sigo intentando de explicarle que estaba de novio, que estaba muy contento con mi novia y no me interesaba darle un beso.
Pero la negativa mucho no le gusto y me dice:
_¿Que sos gay?
_No no soy, tengo novia y no me interesa.
_Sos gay.
Las dos chicas se pusieron entonces a decirme que era gay, mientras yo demasiado amablemente les intentaba explicar que no me interesaba darle un beso porque estaba bien con mi novia.
En eso, no sé como, mi hermano se acerca donde estaba yo con las dos chicas. Después de que saludara y le contara que les estaba diciendo a las chicas que tenía novia. La chica que me pidió el beso le dice a mi hermano.
_¿Es gay no? No me quiere dar un beso
A lo cual mi hermano me mira, después mira a la chica y le dice.
_No. No es gay. Lo que pasa es que vos sos fea.
Yo no puede aguantarme la risa, las chicas se quedaron con la boca abierta y sin respuesta. Mi hermano y yo nos fuimos a la barra donde le contamos a Máximo y no seguimos riendo por un rato.

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Esta anécdota va a ser corta. De nuevo era tan solo un chico y ese día estaba con mi hermano en el departamento en el que vivíamos. Resulta que, no me acuerdo como, me corté el dedo índice y como sangraba mucho agarré una tacita, le puse azúcar y puse el dedo dentro esperando que pare de sangrar. Pero el dedo siguió sangrando.
Así que no se exactamente como, se me ocurrió empezar a girar el brazo a toda velocidad en el comedor, esperando que pare de sangrar de esa manera. Calculo yo que esa época no tenía mucha noción de la fuerza centrípeta.
El comedor estaba pinado de blanco y se manchó todo de sangre formando casi una línea perfecta en las paredes el techo y el piso. El comedor quedó como partido en dos por la línea de sangre.
Ya después no recuerdo que pasó, como lo limpie y que me dijo mi vieja al respecto. Solo lo olvidé.

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Hoy salió una noticia la cual cuenta que van a realizar una remake de la película de la dimensión desconocida. Esto me trajo gratos recuerdos. La serie de la dimensión desconocida era algo que me encantaba. Claro que yo veía la serie que se filmó en los 80”s y no la del 60”s. Igualmente creo que tengo grabado en algún lado los 156 capítulos en blanco y negro. Me trajo buenos recuerdos. Uno de mis capítulos preferidos es uno en que una mujer encuentra un collar de oro con un dije que es un reloj de sol y con el logra detener el tiempo a su antojo, siendo ella la única que se puede mover. Al final del capítulo se despierta y en el televisor hay una alerta, el país está siendo atacado y la alarma de defensa civil está sonando. Desesperada detiene el tiempo y cuando sale de su casa ve que un misil atómico está detenido en el cielo a punto de caer. Me pareció excelente, más que nada por la desesperación de quedarse con el mundo congelado o ver como todo se destruye.  Solo espero que la nueva película me guste como me ha gustado la película vieja y la serie.

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Desde muy chico me ha gustado experimentar. Siempre he intentado hacer cosas por mi mismo y sobre todo si tenía una mera idea de como se hacía.
Resulta que un día, con no más de once o doce años se me ocurrió que quería comer caramelo, más aún quería fabricar mi propio caramelo. Sabía que se hacía con azúcar y lo único que había que hacer era ponerla al fuego. Así que un día que mi vieja no estaba en casa, agarré una olla, le tiré azúcar dentro y así como estaba lo puse al fuego. Claro, ¿Cómo podía saber yo que para el caramelo hay que poner el azúcar a baño maría?
No pasó mucho rato que el azúcar se quemó por completo y como resultado terminó la olla quemada y negra.
Por suerte a mi hermano se le ocurrió que se podía limpiar con virulana así que un rato cada uno estuvimos dale que dale dándole a olla. Como resultado casi salió todo lo quemado y mi vieja no se enteró de nada.
Ahora, no soy tan desastre en la cocina, me defiendo bastante bien.

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Ese día estábamos yendo a la casa de Huguito, en el tigre. Era verano, había sol y estaba bastante cálido. Me acuerdo que estábamos mis viejos, mis hermanos y yo, y creo recordar que estaba Carlitos, Norita y los hijos.
Mi viejo llevaba una radio portátil colgada del hombro, ya que esta radio tenía una correa para tal fin. Mi vieja le había dicho en un par de ocasiones, de el camino a la casa por el gallo fiambre, que tuviera cuidado con la radio. Resulta ser que para poder llegar a la casa de Huguito, o bien hay que usar un vote para cruzar el arrollo o bien hay que bajar un puente levadizo, si este no tiene candado. Como el puente no tenía candado mi viejo se puso a bajarlo, todavía con la radio colgada, en eso hizo un movimiento brusco y la correa se rompió y la radio termino cayendo al agua en el arroyo. Al parecer alguien había estado jugando con la radio y había roto el plástico donde iba la correa, pero nunca quedó del todo claro la situación.
El tema que con la radio en el agua, mi viejo se tira al agua y se pone a buscarla en el fondo. Después de un rato la encontró y sin pilas y con un poco de sol para secarse la radio volvió a funcionar. Pero mi viejo, mojado, con un poco de mal humor y todo, no zafó que mi vieja le dijera “Te dije que tengas cuidado”.

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Mis abuelos, por parte de mi mamá, vivían en un casa en Hurlingham. De hecho mi mamá, mis tías y mi tío vivieron mucho tiempo en esa casa desde que eran chicos.

Es una casa bastante grande y el terreno es enorme. Para dar una idea de lo grande que es voy a describirla un poco. La casa es de una sola planta (si bien hay una escalera que te lleva a la terraza donde una vez hubo una habitación), la entrada tiene a la derecha un garage cubierto como para que entre una camioneta, a la izquierda un pequeño jardín casi del largo del garage y de ancho como la habitación que da al frente. Tiene dos entradas la principal y una en el garage que da a un pasillo muy largo que llega hasta el fondo.
Entrando por la entrada principal hay una sala de estar y a la izquierda hay una habitación (la que da al frente). Siguiendo derecho hay un pasillo que comunica la sala de estar con la cocina, en este pasillo hay una puerta a la izquierda que da a una segunda habitación bastante grande y a la derecha otra puerta que da al baño. La cocina es bastante grande, es cuadrada y hay lugar para una mesa como para comer, además tiene dos ventanas una de costado que da al pasillo que lleva al fondo y otra de frente que da al patio, a la izquierda tiene una puerta que lleva a lo que sería el comedor, ahí se solía armar la mesa grande para comer todos los primos y los tíos junto con mis abuelos. El comedor tiene una puerta que da al patio, otra puerta que da a la segunda habitación y una puerta más que da una habitación más pequeña, además hay una caldera y una escalera que llevaba hacia la terraza. Esa habitación solía ser de mi tía Adriana cuando era soltera. El patio es también grande, tiene una puerta que da al pasillo que va hacía al fondo, hay una pared de ladrillos que separa al pasillo del patio y del jardín además el patio está cubierto por una parra de uvas tipo chinche. Por el pasillo, que estaría a la derecha de la casa, se llega al taller que era de mi abuelo, pero antes nos encontramos con un arbusto de moras que separa la casa del vecino y después un gallinero y pajarera. El taller es enorme y está compuesto por un patio un taller de herramientas, un baño y un enorme taller de trabajo, lleno de máquinas.
Volviendo al patio de la casa este tiene de frente una pequeña pileta que sirve para refrescarse y a la izquierda un baño (que solía usar mi abuelo para estar tranquilo) seguido del lavadero y la parrilla que tiene de frente la pileta. Más allá está el jardín, que también era bastante grande y que daba al gallinero y la pajarera.
En el jardín recuerdo dos árboles importantes, un enorme limonero que daba fruta todo el año y una higuera de la cual mi hermano vivía comiendo higos desde que era mu chico y mi abuela hacía dulce, y compotas, y tortas, y todo lo que se pueda hacer con higos.

Resulta que estábamos en la casa de mi abuela, junto con mis tías y algunos de mis primos. No recuerdo bien que edad tenía yo, pero debía estar entrando en la adolescencia. Tampoco recuerdo bien porque se hizo alusión, lo que si recuerdo es que mi mamá nombra la higuera del fondo.
Mi tía Adriana la mira asombrada y con el mismo asombro lanza la pregunta que luego quedará en la historia de la familia:

-¿Qué? ¿En el fondo hay un higuera?

Mi vieja queda asombrada por tal pregunta: -Pero Adriana, ¿Dónde viviste? ¿Cómo si en el fondo hay una higuera? La higuera del fondo.

-No sabía que había una higuera en el fondo.

Mi tía había vivido la mayor parte de su vida en esa casa y no sabía que había una higuera en el fondo.

Ahora, en la familia, cada vez que alguien se cuelga con algo o dice algo que descolgado se suele utilizar la frase : ¿En el fondo hay una higuera?

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El niño se acercó lentamente hacía el lugar donde había visto al ciervo. El bosque no era muy espeso y esto hacía que la visión no se viera tan perturbada por maleza y si bien la nieve complicaba el tránsito, en un corto lapso de tiempo lo tuvo nuevamente a la vista, pero esta vez, solo se encontraba a una distancia de poco más de un tiro con lanza.
Se detuvo para observarlo con detenimiento y detrás de él, el enorme lobo. Sharm, que en verdad era una loba, lo seguía como siempre a todos lados. Si bien ahora era realmente enorme, cuando la encontró, hacía ya dos inviernos atrás, era tan solo un cachorro recién nacido que entraba en sus pequeñas manitos.
En esa oportunidad se encontraba recorriendo el bosque, como lo solía hacer casi todos los días, junto a su hermano mayor Caarión en busca de madera para el hogar, no muy lejos de su aldea. Ese invierno había sido particularmente duro y no era raro ver restos de animales atacados por los lobos, como así tampoco era raro ver manadas de lobos acercándose realmente mucho a los hombres en busca de comida.
Él se había alejado un poco de su hermano en busca de madera y de repente se encontró con la escena, una loba herida de muerte se encontraba bajo un árbol y junto a ella había pequeños bultos que pronto descubrió que eran sus crías. Alrededor de la escena había sangre por todos lados y enseguida pudo intuir lo que había pasado. Algunos de los lobos, ya demasiado hambrientos por haber pasado días y hasta semanas sin comer, habían decido ir contra los indefensos cachorros y ella, que no estaba dispuesta a cederlos, los defendió con su vida. Por lo visto ella había sido demasiado para los otros, era una loba realmente grande, o tal vez los otros lobos pensaron que no valía la pena arriesgarse y se habían retirado, por lo menos de momento.
Se acercó lentamente hacia el árbol donde se encontraba y la loba que apenas tuvo fuerza para levantar la cabeza y sacar un pequeño gruñido como diciéndole que sabía que él estaba ahí. En su panza había cinco cachorros, de apenas unos pocos días, y todos salvo uno estaban muertos. Se aproximó un poco más y vio como la loba intentaba ponerse de pie, pero sus fuerzas ya casi se habían ido del todo y se quedó sin lograrlo, en cambio movió su hocico hacia donde se encontraba el cachorro que aún estaba vivo y llorando, y lo lamió como para tranquilizarlo. El cachorro dejó de llorar al instante y luego ella lo movió con su hocico.
Él se acerco aún más, esta vez a una distancia que casi la podía tocar con el pie. Fue ahí cuando se escucharon los aullidos de una manada de lobos que parecía acercarse. La loba gruño a los aullidos y luego pasó su vista desde su cría al niño que se encontraba parado a su lado y él la entendió, le pidió a su modo que protegiera a su retoño.
Para ese entonces, su hermano mayor lo estaba buscando para irse, porque él también había escuchado a los lobos y sabía que era peligro estar deambulando con una manada hambrienta cerca de ellos. Llegó justo para ver la escena, estaba a punto de decirle a su hermanito que se alejara cuado vio como la loba observaba a su hermano. El pequeño se acerco más, y tomo del piso a un pequeño lobezno, la loba miro por última vez al pequeño y con su mirada parecía agradecida, como sabiendo que su cachorro por fin iba a estar a salvo, luego recostó su cabeza y ya no la volvió a levantar. El niño giró, con el lobezno entre sus manos y vio como su hermano lo observaba un poco asombrado y otro tanto desconcertado. Jamás había escuchado y menos visto que un lobo tratara con un hombre y mucho menos que una loba ofreciera a su última cría. El niño se acerco a su hermano mayor, le enseño lo que tenía en sus manos y le dijo:
_Este es Sharm, su protegido.
_Si que es Sharm, tu protegido –Le contestó su hermano.
La historia, que luego contaron en la aldea, se tomó como un buen augurio para todos. El pequeño había trabado relación con una loba y esta, en su lecho de muerte, le había dado lo más preciado para ella. Fue así como el pequeño que se ganó un nombre a una muy temprana edad, algo que lo hacía muy especial, ya que la mayoría se lo ganaba al momento de convertirse en hombre. Se lo llamó Darion at Tumat, el elegido de la fiera.
Y desde ese momento Sharm nunca se separó del pequeño, andaba, comía y dormía junto él. Con el tiempo creció y se convirtió en una enorme loba, probablemente la más grande que jamás se hubiera visto por la zona, era tan grande que hasta superaba el tamaño de los lobos macho. Solo obedecía órdenes de una sola persona, su pequeño amo, a quien protegía por sobre todas las cosas. No eran muchos los que se animaban a acercarse al pequeño cuando Sharm estaba cerca y mucho menos intentar de molestarlo, Sharm mostraba los dientes y observaba al hostigador en espera de una orden de su amo, pero esa orden generalmente no llegaba. El pequeño ponía su mano en la cabeza de la loba, le pedía que se calmara y ella obedecía.
Ahora se encontraba, como de costumbre, acompañando a su pequeño amo y vedando por su seguridad. El niño miro a la loba y en un tono bajo le dijo:
_De esto me tengo que encargar yo solo Sharm- quien miró al niño como entendiendo lo que le decía. Tú ve por allá –y le indicó para que se fuera por el costado.
Cuando la loba comenzó a marcharse, él comenzó el recorrido hacia su presa.

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Recuerdo que estábamos en Hurlingham, yo tenía unos 5 o 6 años y para esa época mi papá estaba construyendo una casa en el barrio el Destino. Cabe destacar que en esa época era otra cosa el barrio, estaba mayormente descampado, era un barrio muy tranquilo y estaba cubierto de las margaritas de las que mi mamá se había enamorado.

Ese día se encontraba de visita mi madrina y con ella, su hija Cecilia. Estábamos andando en bicicleta en la calle, yo hacía poco que había podido dejar las rueditas y me gustaba mucho andar en bicicleta. Había tenido un poco de ayuda de parte Cecilia y de Natalia, su hermana, que eran mayores que yo, que se habían encargado de ayudarme con unos empujones inerciales estando en su casa.

Estábamos muy entretenido yendo y viniendo de acá para allá, cuando noto esa habilidad que tenía Cecilia de andar sin manos. Yo estaba al lado de ella y veo que suelta las manos del volante y la bicicleta seguía ando como si nada. Me había quedado maravillado ante tal demostración de habilidad y virtuosismo. Era realmente asombroso.

No estoy muy seguro de que se me cruzó por la cabeza. No sé, no recuerdo que fue exactamente lo que pensé. Pero de lo que sí estoy seguro que por mi cabeza no se cruzó ni la duda ni el temor. Y de mi garganta salieron unas palabras claras y fuertes.

_¡Mirá papá, ando sin manos!

Acto seguido, solté la dos manos del manubrio y miré hacia adelante. Casi de forma instantánea, el manubrio se giró hacía la izquierda, la bicicleta se frenó y yo salí volando para adelante hacia el asfalto. Apena pude poner las manos y mi pera amortiguo la caída.

Ese día terminé con tres puntos en la pera, por segunda vez en mí vida.
Con el tiempo aprendí andar sin manos pero igualmente seguí teniendo más golpes, cortaduras y cosidas por otros motivos.

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